¿Qué sueños tienes para el nuevo año? ¿Qué desearías que fuera diferente en ti, tu matrimonio, tu familia, tu trabajo o tu ministerio? Algunos pudimos haber estado pensando en esto desde finales del pasado enero, cuando nuestros brillantes y nuevos propósitos ya se habían puesto rancios y habían comenzado a podrirse. ¿Por qué nuestros buenos propósitos parecen echarse a perder más rápido que un litro de leche y un cartón de huevos? Demasiados propósitos fracasan porque fallamos en orar. Empezamos con valentía, ambición e incluso algo de euforia. Pudiéramos orar por nuestro(s) propósito(s) en ese primer día de enero, así como oramos en el estacionamiento antes de emprender un largo viaje en auto. Pero antes de que hayamos siquiera comenzado a manejar en la carretera del nuevo año, ya hemos dejado atrás la oración, y con esto, el poder necesario para perseverar en cualquier nuevo hábito o conducta. Sin orar por la ayuda de Dios, nuestros propósitos más significat...